[Grècia] La negativa de los ciudadanos a pagar se ha convertido en tendencia: peajes, préstamos, transporte, servicios públicos y hospitales

De cómo la crisis propicia la aparición de nuevos espacios de lucha e insumisión.

Yoana Fotiadi – Ifiyenia Diamandis

Cuando en 1974 el dramaturgo italiano Dario Fo escribió la obra “¡No pago! No pago!” no se podía imaginar que sería el inspirador de un movimiento en la Grecia del siglo siguiente. Pero mover a la gente contra el pago de peajes, billetes de transporte colectivo, facturas, letras de préstamos y tarjetas, pero también incluso de profesionales, como abogados, se agiganta últimamente convertido en un “no” generalizado y rotundo a todos los compromisos financieros. La mayoría de las estaciones de peaje, su alto precio en relación con la mala calidad de la red de carreteras, fueron, para muchos conductores, los residentes de las ciudades de provincia, el “pañuelo rojo” para “declarar” hace dos años una revolución informal en contra de los peajes. Inicialmente, el movimiento tuvo carácter local, pero con el tiempo y la crisis económica mediante se extendió. Sin embargo, a pesar de la impresión de que el fenómeno ha adquirido proporciones alarmantes, las cifras oficiales del Ministerio de Infraestructuras indican que el humo no es equivalente al fuego.
El mayor porcentaje de “abstención”, se apunta en la autopista Atenas-Salónica, desde el golfo Maliaco a Clidí, que llega al 15% y de Metamófosi a Skarfia, donde oscila entre el 6% y el 7%. En el Peloponeso, el rechazo es aún más bajo -se estima entre el 0,5% y el 1% (en los ejes de Eleusis-Patras y Corinto-Megalópolis). Sin embargo, los responsables del ministerio y de los consorcios debaten la posibilidad de una tregua con los conductores, buscando la manera de desactivar la “vendetta”.
Un pequeño “regalito” espera muchos pasajeros de transporte urbano a la entrada de los autobuses y vagones del metro. El intercambio de billetes se está convirtiendo paulatinamente en un movimiento, cuyos seguidores se multiplican en paralelo a la creciente insatisfacción por la insuficiencia del transporte público. Por supuesto, se trata de una vieja práctica que agrava al “hombre enfermo”, la Empresa de Transportes Públicos de Atenas, que está llamada a afrontar el creciente problema de los viajeros clandestinos. La pérdida de billetes roza el 40 %, como en el caso de los Autobuses Urbanos de Atenas, y a eso hay que añadir el “intercambio” de billetes cancelados. Hace unas pocas semanas, los trabajadores del transporte público han llegado a hacer un singular esfuerzo para atraer a los viajeros, como cuando en medio de la “fiebre” huelguística instigaban a cuantos embarcaban a que no picasen los billetes. Hace unos días, de hecho, en las estaciones de metro en Calicea y Petralona unos desconocidos pusieron silicona en tornos inutilizados. Así, el embarque en los vagones de dichas estaciones fue oficialmente “clandestino”.
Pero también los médicos instaron a los pacientes a no pagar el precio de los análisis en los ambulatorios en noviembre pasado. Los médicos de hospital sindicalistas reaccionaron al incremento previsto de la participación económica de los ciudadanos de 3 a 5 euros y anunciaron la “semana de acceso gratuito a los servicios de salud”, incluso tomaron simbólicamente las cajas de los hospitales y centros de salud. Sigue, en efecto, según un anuncio de OENGE (Federación de Médicos de Hospital), la toma de las cajas hacia finales de enero como parte de sus movilizaciones.
En el espíritu de la negativa a pagar no podían faltar tampoco las facturas de servicios públicos, muy “infladas” del Consorcio de Empresas Públicas (especialmente la Empresa Nacional de Electricidad). A pesar de la ausencia de datos oficiales, se estima que el impago de las facturas ha aumentado considerablemente, no solo como una reacción, sino también debido a la escasez. Es significativo que en el último periodo se ha cortado la corriente a 5.000 pequeñas empresas, de las cuales sólo 60 habían solicitado un acuerdo para la liquidación de la deuda por la compañía. Se estima, sin embargo, que se trata de establecimientos que han cerrado.
No obstante, no se han localizado “malos pagadores” solo frente a impersonales organismos públicos, sino incluso en el nivel interpersonal de la prestación de servicios.
Abogados
Ejemplo ilustrativo de los abogados que probaron el “trago amargo” desde el principio. “Muchos comerciantes clientes nuestros no cumplen sus compromisos hace un año y medio”, según la abogada de Atenas, Caterina Papandoníu. Los plazos varían dependiendo del bolsillo: de tres a seis meses, incluso año y medio, los clientes no pueden ser formales con sus obligaciones. “Un fenómeno nuevo, sin embargo, son las grandes empresas que han “desaparecido” en una noche, sin que nos paguen”.

Cuotas de tarjetas y préstamos impagadas

La mayoría de los consumidores se enfrenta a dificultades para pagar cuotas de préstamos y tarjetas de crédito, incluso para pequeñas cantidades. Pero el porcentaje de los que agotan el margen del trimestre, después del cual deben reembolsar el importe total adeudado -si no es reclamado por los tribunales- ha notado un crecimiento acelerado en los últimos años. “En los últimos dos años, estos casos representaban aproximadamente el 6% de los acreedores. Ahora oscila en el 14%”, explica Dimitris Psarakis, presidente de la Asociación Griega de la Información y de Negociación de Requisitos (ESEDA, credit collectors). Del mismo modo, “asciende ya al 20% el porcentaje de aquellos que no pagan cuota parte desde el primer día de la conclusión de los plazos. Es una cadena, que se expande y aumenta la tasa de desempleo”. En condiciones como las actuales, “es interés del consumidor que sea honesto ante sus demandantes, de modo que a su vez éstos tengan el margen discrecional de utilizar las herramientas a su disposición, tales como la prolongación de la amortización, dosis más bajas, moratoria de la liquidación, etc… Decir la verdad para encontrar una solución”. Sin embargo, “la gran apuesta es que el acreedor no agote el margen de 90 días”, concluye. Pese a ello, con la crisis económica que sangra sus bolsillos, incluso pequeñas cantidades del orden de 60 euros y 70 euros difícilmente encuentran la manera de pagar aunque sea de parte de la cuota.

Extraido de CAS Madrid.